La magia lenta
- CALIGRAMA
- 12 abr 2020
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 18 abr 2020

Por: Hernán Antonio Bermúdez
Roberto Sosa poseía una mente incisiva y brillante. En sus conversaciones aguzaba las frases, les «sacaba punta». Utilizaba el lenguaje para crear imágenes vívidas, y, al dialogar, enhebraba sorprendentes juegos verbales, tanto que, antes de escucharlos, parecían imposibles.
Habilísimo en las yuxtaposiciones irónicas, la consumada maestría de su oficio de poeta le permitió entretejer con finura las palabras y desplegar, sin arrogancia alguna, su virtuosismo verbal ante los privilegiados interlocutores.
El poeta tenía, por supuesto, una aguda sensibilidad frente a las circunstancias culturales y políticas de la época que le tocó vivir. Llegó a definir estas Honduras en términos de creación poética, desde el desapego propio del escepticismo y de lo que Naipaul denominaba la «magia lenta» de la escritura.
Su obra hizo posible que se convirtiera en eje central de la práctica literaria hondureña y centroamericana, y supo redefinir los parámetros de la poesía regional. Conviene que ese hecho no pase inadvertido hoy, cuando, de estar vivo, cumpliría 90 años de edad.
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Hernán Antonio Bermúdez (Honduras, 1949). Es ensayista, crítico literario y diplomático. Ha publicado Retahíla (1980), Cinco poetas hondureños (1981), Afinidades (2007), y Óscar Acosta: lucidez creativa, en coautoría con Leonel Alvarado (2015). Escribe y colabora para diversos periódicos y revistas.
*La fotografía de portada, «Sobre el agua», es del maestro Delmer Membreño.
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