Orígenes de la Universidad de Honduras
- Ethel García Buchard
- 4 oct 2020
- 3 Min. de lectura

Academia y Estado, orígenes de la Universidad de Honduras intenta reconstruir los comienzos de la educación superior hondureña dentro de un impulso promovido por los gobiernos federal y estatal durante las décadas de 1830/1840; como parte de la “búsqueda de la felicidad de los pueblos”, un postulado de la Ilustración que fue asumido por el primer liberalismo centroamericano.
La fundación y reapertura de centros educativos en algunas ciudades (Comayagua y Tegucigalpa), le imprimió un mayor aliento a un esfuerzo que se hizo realidad con la creación de la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto, creada el 14 de diciembre de 1845, como una asociación de carácter privado. Unos meses más tarde, el 10 de marzo del año siguiente recibió la protección estatal con el nombre de Academia Literaria de Tegucigalpa, y en 1847, fue convertida en Universidad del Estado, iniciando así la institucionalización de la universidad pública en Honduras.
De todos estos esfuerzos, creemos necesario destacar tres aspectos hasta ahora invisibilizados por la historiografía oficial, pero que cobran relevancia en esta obra.
En primer lugar, la primera etapa institucional de la educación superior en Honduras fue obra de gobiernos considerados conservadores, a quienes la historiografía liberal les ha negado, o al menos opacado, su contribución en el proceso de construcción institucional, sin considerar que el corte entre liberales y conservadores ha sido una construcción histórica originada por disputas entre bandos en pugna por el poder, y obviando que, en última instancia, existió un consenso entre los distintos grupos sobre la necesidad de cambio e implementación de mecanismos que produjeran institucionalidad (entre ellos la educación y el comercio libre) para alcanzar la modernidad e insertarse con éxito en la comunidad de naciones.
En segundo lugar, es clara la relación entre la institucionalización educativa y la estatal; una imbricación que se expresa de distintas formas. Por un lado, en la formación de los cuadros profesionales que formarían parte de la burocracia estatal y de los grupos políticos que asumieron la tarea de dirigir las funciones estatales: el ámbito universitario fue el espacio donde se surgieron, se discutieron y circularon las nuevas ideas, y donde se articularon los distintos proyectos que impulsarían el desarrollo social y político del Estado.
El ámbito académico aglutinó a los distintos grupos que dieron impulso a esos proyectos a través de ambientes políticos, sociales, culturales y económicos. El potencial transformador de la academia como espacio de generación y circulación de ideas y de concreción de sueños o utopías, fue vital.
Un tercer aspecto resaltado en la obra es la construcción de proyectos institucionales como resultado de procesos colectivos, en los cuales participan distintos grupos y agentes más allá de quienes aparecen en primer plano. Es tarea del historiador rescatarlos de su invisibilidad.
Son esfuerzos que van más allá del hecho fundacional. Desde esta perspectiva deben reconstruirse y leerse, de manera que, si bien el texto analiza un momento concreto, no olvida una dimensión temporal más amplia, destacando un proceso heredero de la Ilustración, fortalecido con la revolución de Cádiz, asumido por los movimientos de Independencia e impregnado por el primer liberalismo. Pero tampoco olvida que en todo ese proceso el cambio y la ruptura van cargados de continuidad.
La obra que el lector tiene en sus manos da cuenta de los orígenes de la institucionalización de la educación pública en Honduras, pero también nos permite analizar ese largo proceso de construcción estatal a través de la academia.
La obra también deja clara la necesidad de explicar los procesos históricos ocurridos en esta parte de la sociedad centroamericana que se convirtió en el Estado hondureño, así como su relación con los fenómenos políticos, sociales y culturales con el resto de las unidades territoriales que formaron la República Federal Centroamericana y el anterior Reino de Guatemala.
A la vez que proporciona respuestas sobre el desarrollo educativo y estatal de la sociedad hondureña durante las primeras décadas de vida independiente, nos pone en evidencia la necesidad de responder a múltiples interrogantes relacionadas con los procesos políticos y fenómenos culturales vividos por la sociedad de la época; sus ideas en torno a lo político y su forma de hacer política, su concepción sobre la representación y participación de los distintos sujetos sociales y políticos, y sobre los tipos de instituciones que consideraban necesarias para lograr una mejor convivencia.
En síntesis, este ensayo nos recuerda que los espacios académicos siempre formarán parte de la historia de los procesos políticos, culturales e institucionales, y que esa función transformadora es la razón de ser de la Universidad Pública.
San José, Costa Rica
2018
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Historiadora e investigadora de la Universidad de Costa Rica.
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